{"id":770,"date":"2023-08-18T19:38:36","date_gmt":"2023-08-18T17:38:36","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.sebastiancuevas.com\/?p=770"},"modified":"2023-08-18T21:05:54","modified_gmt":"2023-08-18T19:05:54","slug":"el-muertovivo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sebastiancuevas.com\/?p=770","title":{"rendered":"El muertovivo"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_765\" aria-describedby=\"caption-attachment-765\" style=\"width: 150px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-765 size-thumbnail\" title=\"Nicol\u00e1s Puerto\" src=\"http:\/\/blog.sebastiancuevas.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/NICOLAS_PUERTO-150x150.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/sebastiancuevas.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/NICOLAS_PUERTO-150x150.jpg 150w, https:\/\/sebastiancuevas.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/NICOLAS_PUERTO-300x300.jpg 300w, https:\/\/sebastiancuevas.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/NICOLAS_PUERTO-510x510.jpg 510w, https:\/\/sebastiancuevas.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/NICOLAS_PUERTO.jpg 682w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-765\" class=\"wp-caption-text\">Por Nicol\u00e1s Puerto Barrios<\/figcaption><\/figure>\n<p><em><strong>\u00abSi estoy yo, no est\u00e1 la muerte,<\/strong><\/em><br \/>\n<em><strong>si viene la muerte, ya no estoy yo\u00bb.<\/strong><\/em><br \/>\n<em><strong>(Epic\u00fareos)<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Andr\u00e9s, uno de los nietos de la familia de Los Botijos,- que proced\u00edan de La Rambla-, me cont\u00f3 un suceso que a m\u00e1s de luctuoso no dejaba de tener cierta rareza. Se trataba de la muerte de su abuelo ocurrida en julio de mil novecientos sesenta y uno. El mayor de todos, el abuelo Botijo, era un hombre que ya pasaba los setenta y cinco a\u00f1os. Hab\u00eda trabajado toda su vida en el campo, naci\u00e9ndole de su matrimonio con Andrea cuatro hijos- dos hembras y dos varones ya casados-, los cuales le hab\u00edan tra\u00eddo al mundo a catorce nietos. Desde que vinieron a C\u00f3rdoba, los abuelos viv\u00edan en una casa de vecinos de la calle del Viento. Ya algo achaparrado Manuel destacaba por su atalaje: una chaqueta llena de lamparones, pantalones de pana, sombrero y garrota. A pesar de la edad, todav\u00eda se apreciaba que su estructura \u00f3sea hab\u00eda contenido una buena pieza. Famoso por las grandes jumeras que cog\u00eda, le daba a todos los palos fueran Solera, Oloroso, Peseta o del 24. Era un parroquiano asiduo de las tabernas del barrio. Comenzaba por la de Villoslada, haciendo esquina de la Plaza de San Pedro con la calle del Sol y continuaba por esta hasta finalizar en la de El 6 en el Campo de San Ant\u00f3n. En su v\u00eda crucis por las siete tabernas se llevaba palante m\u00e1s de veinte medios.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-778 aligncenter\" src=\"http:\/\/blog.sebastiancuevas.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/d1-286x300.jpg\" alt=\"\" width=\"286\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/sebastiancuevas.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/d1-286x300.jpg 286w, https:\/\/sebastiancuevas.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/d1-975x1024.jpg 975w, https:\/\/sebastiancuevas.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/d1-768x807.jpg 768w, https:\/\/sebastiancuevas.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/d1-1462x1536.jpg 1462w, https:\/\/sebastiancuevas.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/d1.jpg 1523w\" sizes=\"auto, (max-width: 286px) 100vw, 286px\" \/>Siendo v\u00edspera de Santiago, a eso de las seis de la tarde, el Botijo lleg\u00f3 tan alpistado a casa, que desoyendo los reproches de Andrea, se fue directamente a la cama sin tomar el almuerzo. Ella, por el disgusto, se bajo una hamaca y durmi\u00f3 de noche sola en el patio. A otro d\u00eda de ma\u00f1ana, al no verlo ya levantado ni sentir sus t\u00edpicos ronquidos, la mujer se acerc\u00f3 al cuarto interior donde ten\u00edan el dormitorio. Manuel permanec\u00eda postrado bocarriba sobre el lecho, aun con la ropa de vestir y la mascota puesta. Al notar que ni tan siquiera resoplaba, se aproxim\u00f3 a \u00e9l y acercando el o\u00eddo comprob\u00f3 que no respiraba. Los gritos de Andr\u00e9s hicieron que acudieran las vecinas a las cuales se abrazaba entre sollozos y dec\u00eda:<br \/>\n&#8211; \u00a1Ya!,..\u00a1ya se ha muerto!.<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-781 aligncenter\" src=\"http:\/\/blog.sebastiancuevas.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/d4-257x300.jpg\" alt=\"\" width=\"257\" height=\"300\" \/>Avisada la familia, que viv\u00edan en distintas casas de vecinos del barrio, buscaron al m\u00e9dico de la Casa de Socorro el cual extendi\u00f3 el correspondiente certificado de defunci\u00f3n de don Manuel Garc\u00eda Cort\u00e9s de muerte natural. El cuerpo del Botijo fue trasladado al dep\u00f3sito de cad\u00e1veres del cementerio de San Rafael. Durante el resto del d\u00eda, lo velaron los hijos, los yernos y las nueras, quedando las dos hijas con la madre y los nietos. Al cerrar el cementerio, ya anochecido, todos volvieron a casa.<\/p>\n<p>Antes de las exequias, previstas para las seis de la tarde el siguiente d\u00eda, mientras la familia de los Botijos almorzaban en el patio de la casa un buen cocido y un lebrillo de gazpacho que le hab\u00edan preparado unas vecinas, un estridente griter\u00edo de chiquillos en el exterior hizo fijar la atenci\u00f3n de todos hacia la puerta de la calle:<br \/>\n&#8211; \u00a1El abuelo est\u00e1 vivo!, \u00a1 El abuelo est\u00e1 vivo!.<br \/>\nEl Botijo seguido de la patulea de sus nietos, entraba con mucho \u00edmpetu y con la garrota en ristre dirigi\u00e9ndose hacia la abuela Andrea con muy mal genio:<br \/>\n&#8211; Hija de la gran pu\u2026 \u00a1 Quer\u00edas enterrarme vivo!, \u00bf\u00e9h?.<\/p>\n<p>Anteponi\u00e9ndose los hijos lo apaciguaron, pas\u00e1ndole la ca\u00f1a de vino de la que se empin\u00f3 tres largos tragos. Despu\u00e9s de muchos besos y abrazos todos acabaron de comer cantando y bailando, siguiendo aquel dicho de aqu\u00ed paz y despu\u00e9s gloria.<\/p>\n<p>La noticia de la resurrecci\u00f3n del abuelo Botijo se cundi\u00f3 tanto que alcanz\u00f3 al resto del pa\u00eds. Un reportero del diario C\u00d3RDOBA la hab\u00eda remitido por telegrama a Madrid. Fue publicada por el sensacionalista semanario El CASO con la fotograf\u00eda de El Botijo rodeado de su abultada familia.<\/p>\n<p>Pasado dos meses, lleg\u00f3 a la calle del Viento para conversar con don Manuel Garc\u00eda un afamado abogado de C\u00f3rdoba. Portaba documento de representaci\u00f3n de don Alejandro Huertas de Carvajal y Mendoza, un empresario mejicano afincado en los Estados Unidos de Am\u00e9rica. El abogado le transmiti\u00f3 las instrucciones de don Alejandro. Se trataba de la convocatoria de un solemne acto a celebrar en nuestra ciudad para dar ingreso al muertovivo, como ya apodaban al abuelo Botijo, en el Club Internacional de los Enterrados Vivos del cual don Alejandro era el presidente. El evento, en el que se inclu\u00eda un banquete, se hab\u00eda programado a un mes vista para el veinticuatro de octubre en el Hotel C\u00f3rdoba Palace de nuestra capital. Todos los gastos, el tal\u00f3n de veinte mil pesetas, entregado por el abogado como anticipo a los extras que pudieran ocasion\u00e1rsele al nuevo socio in pectore, adem\u00e1s de una paga vitalicia, correr\u00edan por cuenta del importante Club.<\/p>\n<p>Durante ese mes toda la familia de los Botijos andaban de sastres y costureras. Adem\u00e1s no escatimaron en la compra de variados miri\u00f1aques para ir presentables al acto. Pero el abuelo Botijo con eso del nombramiento internacional estaba tan avenado que se le hab\u00edan subido las \u00ednfulas a la cabeza. Las peas que pillaba, cada vez m\u00e1s agudas, lo hab\u00edan sumido en varias ocasiones en una especie de catalepsia, apa\u00f1\u00e1ndose la familia como mejor pod\u00eda para espabilarlo, temiendo que no aguantara vivo para el d\u00eda de autos.<\/p>\n<p>No obstante lleg\u00f3 el d\u00eda de San Rafael; toda la familia, una trupe de unas treinta personas muy enjalbergados, aparecieron en taxis en las puertas del hotel Palace. All\u00ed esperaban cientos de cordobeses que los recibieron con encendidos aplausos interrumpidos por los vivas al Botijo y al muertovivo.<br \/>\nPor supuesto el Alcalde, el Gobernador Civil y el Presidente de la Audiencia formaban la comitiva con don Alejandro, un corpulento y bigotudo sesent\u00f3n con traje a rayas de solapas. Le acompa\u00f1aba su esposa, una flaca pelirroja joven doctora yankee. Ven\u00edan rodeados por periodistas llegados de todo el pa\u00eds. La Iglesia hab\u00eda excusado su asistencia, ya que el Obispo estaba a la espera de la resoluci\u00f3n de Roma sobre ese asunto nada ortodoxo de ida y vuelta al m\u00e1s all\u00e1. Hab\u00eda remitido consultas al cardenal responsable en Doctrina de la Fe.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de las fotos de rigor, pasaron a un gran sal\u00f3n-comedor donde estaba prevista una mesa presidencial a ocupar por don Alejandro y don Manuel junto a sus esposas, las autoridades y el abogado. Este \u00faltimo hizo de maestro de ceremonias. Finalizando los aperitivos, tom\u00f3 la palabra el empresario mejicano explicando el gran honor para el Club de recibir en su seno, \u00a1como primer ciudadano espa\u00f1ol!, a nuestro paisano. El fin de la organizaci\u00f3n era acoger a todas las personas que hab\u00edan sido enterradas vivas, de las cuales ya se conoc\u00edan en el mundo casi una cincuentena. Eran catalogados y analizados sus casos por la Universidad estadounidense de Yale. Seg\u00fan los estudios cient\u00edficos, y as\u00ed se reflejaba en los estatutos de la organizaci\u00f3n, eran seres excepcionales respecto al resto de los mortales -o sea los de una \u00fanica muerte- y cuyo fen\u00f3meno se hab\u00eda detectado repetitivo. Esto significaba que algunos llegaban a morir verdaderamente despu\u00e9s de dos o m\u00e1s intentos. Se daba el hecho de un ciudadano hondure\u00f1o que hab\u00eda muerto cuatro veces y en la actualidad hac\u00eda su vida normal. Por este motivo, en caso de defunci\u00f3n de algunos de sus miembros, el Club se encargaba de tener preparado una caja mortuoria especial construida por una empresa norteamericana. Consist\u00eda en que adem\u00e1s de disponer de unas peque\u00f1as ventanas de ventilaci\u00f3n hacia el exterior, estaba dotada de algunos accesorios, entre otros una c\u00f3moda colchoneta y almohada perfumadas, una botella de agua y una campanilla que era preceptivo dejarla asida por una mano del difunto. Ni que decir tiene que el Botijo no cab\u00eda en s\u00ed. A pesar de las rega\u00f1inas y reprimendas de Andrea y alguna de sus hijas, no paraba de lanzar brindis por don Alejandro, el Alcalde y hasta por don Dami\u00e1n, cura de San Pedro -gran amigo suyo con el cual coincid\u00eda a veces en la piquera de Casa Villoslada-, dando cuenta de cuantos catavinos le dejaban llenar.<\/p>\n<p>Acabados los postres, seg\u00fan el protocolo, tocaba imponer al nuevo socio la medalla de su adscripci\u00f3n. Cumplido el rito, con las palabras de rigor del presidente, el Botijo con el rostro encendido como un tomate, se levant\u00f3 de la silla con intenci\u00f3n de decir unas palabras, mir\u00f3 en rededor a toda la concurrencia y cay\u00f3 fulminante de espaldas al suelo. Esto provoc\u00f3 un grito de sorpresa general. Un m\u00e9dico que asist\u00eda al acto y la esposa de don Alejandro, testificaron su muerte.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-779 aligncenter\" src=\"http:\/\/blog.sebastiancuevas.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/d2-298x300.jpg\" alt=\"\" width=\"298\" height=\"300\" \/>Pasaron dos d\u00edas, plazo concedido s\u00f3lo para este tipo de difuntos, durante los cuales permaneci\u00f3 encerrada con \u00e9l la doctora norteamericana; por la ma\u00f1ana el cuerpo del Botijo fue transportado en el coche a caballos de El Aguililla hasta la iglesia de Santiago, abarrotada ese d\u00eda hasta los topes. Era la primera vez que don Alejandro participaba en el entierro de un socio del Club, sin contar las correspondientes a sus dos propias defunciones.<\/p>\n<p>La ceremonia transcurr\u00eda sin ning\u00fan incidente. A pesar de la gran afluencia de p\u00fablico, que ocupaba los pasillos laterales del templo, la capilla e incluso el coro, el silencio era sepulcral.<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-780 aligncenter\" src=\"http:\/\/blog.sebastiancuevas.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/d3-280x300.jpg\" alt=\"\" width=\"280\" height=\"300\" \/>Al punto de que el cura se dispon\u00eda a comenzar la homil\u00eda, de pronto rompi\u00f3 el silencio la rotura de unos vidrios y el tintineo de una campanilla. Todo el mundo se puso de pi\u00e9 menos la pelirroja. Los hijos del difunto, don Alejandro y hasta el mismo cura saltaron hasta el f\u00e9retro. Una vez abierto comprobaron que el Botijo permanec\u00eda inm\u00f3vil, con un semblante risue\u00f1o y la lengua afuera. Al o\u00edr el suave balbuceo de un ni\u00f1o miraron hacia la derecha del altar. En la puerta de la sacrist\u00eda apareci\u00f3 el monaguillo con la campanilla y una de las vinajeras rota en sus manos.<\/p>\n<hr \/>\n<p>Nicol\u00e1s Puerto Barrios es Articulista y Escritor. Primer Premio Nacional de Prensa en 1983; Concedido por la Uni\u00f3n Internacional de Comunicaciones a instancia de la ONU. Dibujos de Nicol\u00e1s y Sensi.<\/p>\n<hr \/>\n<p><span style=\"color: #0000ff;\">\u00abDedicado a mi amigo escritor y periodista Sebasti\u00e1n Cuevas en el 32 Aniversario de su muerte\u00bb hoy 18 de agosto<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abSi estoy yo, no est\u00e1 la muerte, si viene la muerte, ya no estoy yo\u00bb. (Epic\u00fareos) Andr\u00e9s, uno de los nietos de la familia de Los Botijos,- que proced\u00edan de La Rambla-, me cont\u00f3 un suceso que a m\u00e1s de luctuoso no dejaba de tener cierta rareza. 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