{"id":257,"date":"2017-09-18T17:11:27","date_gmt":"2017-09-18T15:11:27","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.sebastiancuevas.com\/?page_id=257"},"modified":"2017-09-18T17:26:36","modified_gmt":"2017-09-18T15:26:36","slug":"capitulo-3-la-casa-de-los-muchos-2","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/sebastiancuevas.com\/?page_id=257","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo 3  La Casa de los Muchos"},"content":{"rendered":"<h2>El Negro se churrasca, el Barbero\u00a0rebana el cuello a un cristiano\u00a0y el Churri se busca la vida.<\/h2>\n<p>Por los \u00faltimos patios, donde est\u00e1n los retretes en fila como\u00a0las letrinas de los campamentos militares, pasada la carpinter\u00eda\u00a0del Andr\u00e9s, ten\u00eda su sala el Gordo. Hijo de una limpiadora del\u00a0Asilo y de alg\u00fan pr\u00f3jimo desconocido. Ten\u00eda el Gordo la edad\u00a0aproximada del Churrifloja y, a diferencia de \u00e9ste, gozaba del\u00a0privilegio de unas grasas que, seguramente, proced\u00edan de la\u00a0pringue hurtada por la madre a la gallofa de los viejos.<\/p>\n<p>Andaba, precoz y habitualmente el Gordo, malos pasos y\u00a0frecuentaba la compa\u00f1\u00eda del Negro, un algar\u00edn de bruna tez y\u00a0pelo fosco y peciento. Era \u00e9ste un nocherniego, algo mayor que\u00a0los otros, que, guindoso del tir\u00f3n, frecuentaba el correccional\u00a0de menores que, a poco de acabar la guerra, se estableci\u00f3 junto\u00a0al arroyo de las Piedras, por la carrera de la Fuensanta, frente a\u00a0la F\u00e1brica del Gas y la de aceitunas y aguardiente de los\u00a0Campos.<\/p>\n<p>Maestro precoz en meter la mano en bolsillo ajeno, se ali\u00f1aba\u00a0con la muleta de un peri\u00f3dico o de una ropilla doblada sobre la\u00a0mano izquierda, mientras que con la derecha, al resguardo del\u00a0tapujo, entraba en las interioridades del primo, a semejanza\u00a0como el estoque entra en las agujas de los morlacos, insensible\u00a0y arteramente.<\/p>\n<p>Por estos menesteres y oficios, como digo, el Negro era\u00a0residente casi perpetuo en el correccional y durante el tiempo\u00a0que pasaba en libertad, si no lo andaba buscando el cabo\u00a0Colora\u00edllo de la Magdalena, remoloneaba por San Pedro, en\u00a0torno a la plazuela del Vizconde de Miranda, a la espera de las\u00a0pupilas de las madres Adoratrices, benem\u00e9ritas monjas que se\u00a0dedicaban a la redenci\u00f3n de j\u00f3venes descarriadas, intentando\u00a0aficionarlas al zurcido, el filtir\u00e9 y los bordados de mantos de\u00a0v\u00edrgenes.<\/p>\n<p>Enflautador, apuesto y chulo como era, siempre ten\u00eda alg\u00fan\u00a0apa\u00f1o entre el pupilaje de las monjas, mocer\u00edo, \u00e9ste, h\u00e1bil en\u00a0saltarse a la torera la puerta o tapia y propenso a liarse de\u00a0puta\u00f1eo por los maizales de Lope Garc\u00eda y los arenales del r\u00edo hasta mitigar el furor de sus inclinaciones y acabar, de\u00a0consumo, con la capacidad verrionda del Negro. Virtud que,\u00a0por cierto, andaba en lenguas desde las Adoratrices al Buen\u00a0Pastor, donde apacentaba otra grey pareja.<\/p>\n<p>En todos estos cuidados y pastoreos aficion\u00f3 el Negro al\u00a0Gordo, que en los carabriteos le hac\u00eda de escudero y aunque era\u00a0poco agraciado, chatuno y no muy capacitado para las labores\u00a0de caballo recelador en estas paradas, a veces, recog\u00eda las\u00a0migajas del fest\u00edn, si la pr\u00f3jima de turno venc\u00eda la guerra de\u00a0desgaste con el macarra. En ocasiones faustas, cuando eran dos\u00a0las mozuelas saltatapias, pod\u00eda el Gordo relamerse solo un\u00a0caramelo.<\/p>\n<p>A cambio de esta escuder\u00eda y de sus beneficios, el Negro\u00a0impon\u00eda al otro el oficio censatario de apa\u00f1ar unos tomates,\u00a0unos pepinos o unas brevas por las huertas del entorno; y, si el\u00a0d\u00eda estaba de suerte, alguna gallina con la que enhebraban la\u00a0juerga y la chirinola hasta la noche, haciendo candelorio con\u00a0los tarajes para asarse la del pescuezo retorcido a la manera de\u00a0Robins\u00f3n Crusoe.<\/p>\n<p>A m\u00e1s de una de estas habituales quincea\u00f1eras puso el Negro\u00a0en punto de taxi, a base de garatusas o bofetones, con cuyos\u00a0halagos y los que le hac\u00eda por las bajeras, las ten\u00eda tiesas y\u00a0atentas en su oficio de cortar faldas por los portales de la\u00a0Corredera o por las calles de la manceb\u00eda, en plan esquinero.<\/p>\n<p>Hasta que el cabo Colora\u00edllo lo prend\u00eda por las orejas y lo\u00a0devolv\u00eda en la casa-cuartel de la Magdalena todos los\u00a0soplamocos que \u00e9l hab\u00eda anticipado a las aprendices de lumias,\u00a0receta que el disc\u00edpulo de Ahumada adobaba, a modo de postre,\u00a0con una patada en las criadillas, fruto de una larga\u00a0experimentaci\u00f3n que lo dejaba inapto para sus aficiones por\u00a0una temporada. Cu\u00e1nto m\u00e1s desde el punto de que la estaci\u00f3n\u00a0siguiente al cuartelillo era la de recaer con sus huesos en el\u00a0estaribel de los menores, donde las quincenas de sanci\u00f3n\u00a0serv\u00edan de per\u00edodo para curarse los hidroceles y la horquitis\u00a0fruto de las botas de reglamento de la Benem\u00e9rita.<\/p>\n<p>En una de las \u00e9pocas en que el Negro andaba de macarra, o\u00a0s\u00e9ase, en libertad, habiendo quedado boquer\u00f3n de beneficios,\u00a0sin sacar rentabilidad ni a la espada ni al galleo, como llegara la\u00a0noche sin haberse podido habilitar los cuartos para el\u00a0inquilinato de la Posada del Carmen, donde pernoctaba, recay\u00f3,\u00a0como hac\u00eda en tales ocasiones, en su dormidero alternativo.<\/p>\n<p>Era\u00a0\u00e9ste el rebufo de un caler\u00edn que subsist\u00eda frente al campo de\u00a0f\u00fatbol nuevo, que le dec\u00eda de la viuda de Trujillo, que este\u00a0apellido siempre ha estado muy unido a la cosa de los caliches.<\/p>\n<p>Se present\u00f3 la noche fr\u00eda y seca como suelen ser las del\u00a0invierno cordob\u00e9s. Al amparo del fuego, tumbado en la meseta\u00a0del anillo se sacaba los pu\u00f1ales del fr\u00edo de los huesos. Pero,\u00a0acaso porque en la madrugada apret\u00f3 el relente, debi\u00f3 acostarse\u00a0demasiado cerca del brocal y se colige que, en sue\u00f1os, debi\u00f3 de\u00a0darse un tumbo hacia el caler\u00edn, donde la piedra de mampuesto\u00a0se convert\u00eda en cal. Con los vapores del horno, como le pas\u00f3 al\u00a0Muerto Vivo, pero en fet\u00e9n, se debi\u00f3 de quedar sin resuello y no\u00a0pudo decir ni p\u00edo, por lo que all\u00ed se qued\u00f3 coci\u00e9ndose como una\u00a0china y se hizo un churrasco que levant\u00f3 una columna de humo\u00a0como las de Abraham e Isaac que contaba el cura de Santiago\u00a0en la catequesis antes de dar la leche en polvo y, despidiendo el\u00a0mismo tufo que cuando se churrascan las orejas de los\u00a0marranos, para echarlas en las habichuelas. As\u00ed que vinieron los\u00a0bomberos y sacaron lo poco que quedaba de muchacho, m\u00e1s\u00a0negro que nunca y \u00abencogidito\u00bb hasta los huesos como les pasa a\u00a0los chicharrones de las migas, que la gente dec\u00eda que casi cab\u00eda\u00a0en una espuerta de lo \u201cconsumi\u00edto\u201d que qued\u00f3.<\/p>\n<p>A partir de este sancocho, parece que el Gordo entr\u00f3 en las\u00a0meditaciones y encarril\u00f3 su vida con mejores compa\u00f1\u00edas,\u00a0haci\u00e9ndose pajuncio del Churri, que lo instruy\u00f3 en menesteres\u00a0decentes y productivos, como la colecta y venta de jazmines, el\u00a0ejercicio de lazarillo, el de recadero, punto en las colas y otras\u00a0gaitas, en cuyos trabajos los muchachos fueron creciendo en el\u00a0panal de la Casa de los Muchos, m\u00e1s como abejas que como\u00a0avispas, pero sin demasiadas complicaciones con los guardias\u00a0ya que \u00e9stos, en el fondo, eran comprensivos con las hambres\u00a0ajenas, cuando para calmarlas se pasa el mocer\u00edo un puntito de\u00a0la raya.<\/p>\n<p>El Churri tuvo un duro y largo aprendizaje. Naci\u00f3 cuando ni\u00a0por recomendaci\u00f3n acud\u00eda una partera a un entripado. En el preciso momento en que una secci\u00f3n de artiller\u00eda con escuadra\u00a0de tambores y cornetas sal\u00eda del cuartel de San Rafael, en la \u00a0avenida de Medina Azahara y atravesando la calle Canalejas se\u00a0situ\u00f3 enfrente del gobierno civil y emplaz\u00f3 un ca\u00f1\u00f3n. Eran, \u00a0cuando lo pari\u00f3 su madre, las seis menos cuarto de la tarde el\u00a0d\u00eda 18 de julio de 1936.<\/p>\n<p>Mientras se le\u00eda, en medio de la calle, el bando del coronel\u00a0Ciriaco Cascajo en el que, a las \u00f3rdenes de Queipo de Llano, \u00a0proclamaba el estado de guerra y se sublevaba contra la\u00a0Rep\u00fablica, la mujer del Moli estaba echando la secundina, no\u00a0sin que antes la Aciscla le hubiera metido por los bajos las\u00a0manos hasta los codos, como las reba\u00f1aeras con las que se sacan\u00a0los cubos perdidos en el pozo.<\/p>\n<p>Cuando el artillero Rafael Mu\u00f1oz, hijo del que luego fue\u00a0alcalde, dispar\u00f3 el primer ca\u00f1onazo contra el gobierno civil,\u00a0donde se hab\u00edan hecho fuertes los rojos y los guardias de asalto,\u00a0arropando al gobernador, en ese mismo momento, como si le\u00a0hubiera dado el ob\u00fas en la matriz, la madre del Churrifloja\u00a0comenz\u00f3 a desangrarse a chorros, como los toros degollados en\u00a0el matadero.<\/p>\n<p>La verdad es que se muri\u00f3 a plazos, porque dur\u00f3 m\u00e1s de un\u00a0mes, que ya tenemos contado c\u00f3mo el Moli intent\u00f3 meterle\u00a0mano; pero, en aquel justo instante en que acab\u00f3 el tiroteo, a las\u00a0nueve de la noche, mientras el miedo se extend\u00eda por los\u00a0alrededores copados del Teatro Duque de Rivas, la madre del\u00a0Churrifloja, seca como una cecina, solt\u00f3 la \u00faltima gota de aquel\u00a0r\u00edo imparable de sangre y se qued\u00f3 exang\u00fce, tan blanca y\u00a0transparente que se le ve\u00edan los adentros como a las botellas de\u00a0aguardiente escarchado. Y las vecinas la creyeron muerta. Y\u00a0Aciscla empez\u00f3 el gemiqueo y la verraquera.<\/p>\n<p>Como es habitual en la Casa de los Muchos, las vecinas\u00a0estaban todas arremolinadas. Al verla tan palidita, la Bonosa,\u00a0que hab\u00eda acudido a lo de las jofainas y el agua hirviendo, le\u00a0dijo a Dolores, la planchadora, que preparaba un cubo con\u00a0esponjas de la placenta que acababa de sacar la Aciscla y que\u00a0se dispon\u00eda a tirar al r\u00edo, con otro cubo de cuajarones, le dijo\u00a0que los muertos que se desangran tienen la ventaja de que no\u00a0huelen. Y es que aquella casi muerta, tan blanquita, le\u00a0recordaba a su hombre, sacrificado a cuchillo, vini\u00e9ndole su\u00a0olor natural cuando se lo trajeron y se tumb\u00f3 junto al cad\u00e1ver\u00a0en la manta de la sala y se estuvo all\u00ed d\u00e1ndole besos de\u00a0despedida y la Dolores dec\u00eda que s\u00ed, que eso era una ventaja y\u00a0tom\u00f3 los dos cubos y cuando se enderezaba para ir al Molino\u00a0de Martos, para echar su contenido pudendo en las torvas o en el socaz, la madre del Churrifloja abri\u00f3 los ojos y pregunt\u00f3 que\u00a0qu\u00e9 era, ni\u00f1o o ni\u00f1a, y se quedaron todas de piedra y le\u00a0pusieron al pingajito de ni\u00f1o al lado. Y le prepararon un caldo\u00a0desplumando, aprisa y corriendo, una gallina y as\u00ed estuvo unos\u00a0d\u00edas, que no se levant\u00f3 de la cama desde que se ech\u00f3 para parir\u00a0hasta que se muri\u00f3 de verdad, pero no blanca, sino toda\u00a0amoratada y llena de pupas por la infecci\u00f3n del puerperio.<\/p>\n<p>Desde la orfandad creci\u00f3 asilvestrado Churrifloja y\u00a0tempranero en buscarse el av\u00edo. No alcanzar\u00eda seis a\u00f1os cuando\u00a0se gan\u00f3 su primera fortuna, en la cola de la Audiencia, el d\u00eda\u00a0del juicio del barbero.<\/p>\n<p>Sucedi\u00f3 que por aquellas fechas andaba la ciudad alborotada,\u00a0que no se hablaba de otra cosa que del crimen. Y mucho m\u00e1s\u00a0en la Casa de los Muchos, ya que el causante del desaguisado\u00a0era punto por las tabernas del barrio y vecino del pago, puesto\u00a0que viv\u00eda en las casitas del obispo en el Campo Madre de Dios.<\/p>\n<p>Fue el suceso que un tal Paco Reyes, Sorroche, de nombre\u00a0segundo o apodo, que ten\u00eda su taller de barber\u00eda cerca de San\u00a0Pablo, se hab\u00eda despenado a un vecino de las callejas de Santa\u00a0Marta, cobrador de banco, llamado Enrique Gallego, del que, al\u00a0cabo de mucho investigar, no pudo encontrarse m\u00e1s que un\u00a0cachito de cuerpo de unos siete u ocho kilos en la rebotica de la\u00a0barber\u00eda. Y ello no s\u00e9 a ciencia cierta si a causa del hedor o por\u00a0mor de un chivatazo.<\/p>\n<p>El cobrador, hombre pac\u00edfico y buen amigo del barbero, con\u00a0quien sol\u00eda compartir alg\u00fan medio en la taberna de Novella,\u00a0entr\u00f3, al parecer, en su cadalso cerca del mediod\u00eda, con el fin de descansar un poquito de los muchos pasos dados en cobrar\u00a0letras y recibos. Se sent\u00f3 en una silla de anea, cerca de la\u00a0puerta, estirando las piernas y haciendo tiempo para que el\u00a0Sorroche terminara de arreglar a un parroquiano.<\/p>\n<p>Seg\u00fan parece, despu\u00e9s, una vez cerrada ya la puerta del\u00a0establecimiento, quedando los dos solos, se sent\u00f3 el cobrador\u00a0en el sill\u00f3n, con lo que, en realidad se aposent\u00f3 en su pat\u00edbulo,\u00a0porque el barbero le cort\u00f3 el pescuezo de un diestro tajo, bien\u00a0porque le entrara un avenate, bien por el af\u00e1n de quedarse con\u00a0los dineros de la colecta que el Guerrero llevaba en la cartera.<\/p>\n<p>O, acaso, como dio en propagar el murmurio de la gente,\u00a0porque era hermano mas\u00f3n y le cay\u00f3 la bola negra y con ello la\u00a0orden de apiolarse al otro que ser\u00eda tambi\u00e9n de la hermandad de\u00a0los rosacruzanos, por muy amigos que se tuvieran, que en cosa\u00a0de este tipo de religiones no caben miramientos.<\/p>\n<p>El caso es que se ech\u00f3 en falta al empleado del banco y puso\u00a0la brigadilla de la Guardia Civil manos en el asunto y a \u00e9ste\u00a0pregunt\u00f3, al otro espi\u00f3, hasta que cogieron a Paco Reyes con\u00a0las manos en la masa, ya que todas las tardes, cuando cerraba la\u00a0barber\u00eda y se encaminaba a su casa, se llevaba un atadillo de\u00a0papel de peri\u00f3dico con un cacho del cobrador, que as\u00ed lo fue\u00a0tirando al r\u00edo por plazos y si se descuidan y no lo pescan aquel\u00a0d\u00eda en los barandales d\u00e1ndole de comer a los barbos un pedazo\u00a0de lomo, se queda el crimen sin muerto y el misterio por los\u00a0siglos de los siglos, puesto que, como digo, ya estaba casi todo\u00a0el cobrador en la barriga de los peces y apenas quedaban dos o\u00a0tres viajes en la cisterna del retrete de la barber\u00eda.<\/p>\n<p>El foll\u00f3n que se arm\u00f3 en la ciudad fue de \u00f3rdago a la grande,\u00a0ya que los dos eran muy conocidos por aquel de sus p\u00fablicos respectivos, por cuya causa eran de frecuente trato y\u00a0conocimiento y ancha parroquia. Por el barrio de Santiago el\u00a0guirigay fue, si cabe, mayor, porque nadie se esperaba estas\u00a0aficiones en el Paco Reyes, que era hombre de comuni\u00f3n\u00a0diaria, monago de latines, cofrade salesiano y farolero de los\u00a0rosarios de la aurora de las misiones, \u00edntimo amigo del cura;\u00a0aunque, tan pronto se supo la matanza le sali\u00f3 a relucir lo de la\u00a0sociedad secreta y otras cosillas que hab\u00edan estado ocultas.<\/p>\n<p>Dicen que cuando se anunci\u00f3 el juicio en la Audiencia se\u00a0formaron en el Gran Capit\u00e1n colas desde dos d\u00edas antes de la\u00a0vista, que parec\u00eda aquello la Casa de la Moneda cuando se va a\u00a0celebrar el sorteo de Navidad y hubo personal que no quiso\u00a0vender su puesto a los se\u00f1oritos de Dunia ni por cien duros, ya\u00a0que un crimen de \u00e9stos no se airea todos los d\u00edas y desde la\u00a0\u00e9poca de Cintas Verdes, que fue cuando toreaba el Guerra, no\u00a0hab\u00eda acaecido ninguno que valiera la pena.<\/p>\n<p>Ante la demanda de plazas para ver, otra vez, al Sorroche\u00a0ante los jueces, la ocasi\u00f3n no la perdieron los vecinos de la\u00a0Casa de los Muchos, de donde subi\u00f3 un destacamento para\u00a0hacer punto en la cola y con ello el negocio de la reventa.<\/p>\n<p>Excepto Andr\u00e9s, que se comi\u00f3 el bocado, porque, como\u00a0sabemos era contador de historias y no quer\u00eda perderse aquella\u00a0por nada del mundo. As\u00ed que se apalanc\u00f3 en uno de los bancos,\u00a0pensando en los cuadernillos que pod\u00eda sacar del espect\u00e1culo,\u00a0en las noches de verano, cuando se habla columpi\u00e1ndose en las\u00a0mecedoras o tumbado en la hamaca, bajo la parra y cantan los\u00a0grillos y trasminan los arriates.<\/p>\n<p>Pas\u00f3, no obstante, que empezado el juicio, el Paco Reyes se\u00a0hizo el mudo y no hubo nadie que le sacara una palabra. Con\u00a0todo, el fiscal se li\u00f3 a imputarle agravantes y alevos\u00edas y a\u00a0pedirle penas de muerte, como si lo pudieran ajusticiar varias\u00a0veces y su pobre abogado, que era un alf\u00e9rez provisional, no\u00a0pudo hacer nada, por lo que lo condenaron y lo remataron una madrugada, como contar\u00e1 el Andr\u00e9s, que sigui\u00f3 todos los\u00a0episodios.<\/p>\n<p>El Churri, que se hab\u00eda subido con el pelot\u00f3n, de la mano de\u00a0Andr\u00e9s, siendo tan chicuelo, hizo tambi\u00e9n dos d\u00edas el aguardo del juicio en la cola, arrebuj\u00e1ndose por la noche en un capote\u00a0de los de pocero de su padre, pegadito al carpintero, que esto\u00a0sucedi\u00f3 por el tiempo de enero, cuando m\u00e1s mayan los gatos, al\u00a0parecer no de fr\u00edo sino de calentura. Y cuando lleg\u00f3 la subasta\u00a0de las entradas, con el asesoramiento de Andr\u00e9s que lo retuvo\u00a0hasta \u00faltima hora para aprovechar la urgencia, vendi\u00f3 su puesto\u00a0por cuatrocientas pesetas a un se\u00f1or\u00f3n del C\u00edrculo de\u00a0Labradores que le mand\u00f3 un tratante para chalanear en su\u00a0oficio con los tancredos de la cola. El Andr\u00e9s, como queda\u00a0dicho, no quiso vender su sitio, porque dec\u00eda que aquella\u00a0quimera no se la perd\u00eda \u00e9l ni por todo el oro del mundo y que\u00a0quien quisiera peces que se mojara el culo, que era muy bonito\u00a0ser se\u00f1orito y estar sentado en el acerado, en los sillones de\u00a0mimbre, viendo pasar el mujer\u00edo y luego llegar y besar el santo,\u00a0que \u00e9l ten\u00eda su dignidad. Y cont\u00f3 lo del Guerra, tan maestro\u00a0como taca\u00f1o, que mand\u00f3 a un propio pe\u00f3n a llevar a Cabra,\u00a0andando, una galga y a volver el somoviente despu\u00e9s de cuatro\u00a0d\u00edas de viaje, le dijo que ya estaba all\u00ed y fue y se sac\u00f3 unos\u00a0chavos y le dijo: -\u00a1toma!, para que te compres unas alpargatas\u00a0nuevas-.<\/p>\n<p>Por su parte, con tanta riqueza, el Churri fue corriendo en\u00a0busca de su padre y le entreg\u00f3 los billetes y \u00e9ste lo ech\u00f3 por los\u00a0aires de volatines: -mi ni\u00f1o que ha ganado su primer jornal, un\u00a0fortun\u00f3n, ya ver\u00e1s- y se fueron a la freidur\u00eda de La Malague\u00f1a,\u00a0una se\u00f1orona gorda como una ballena, en la plaza de las\u00a0Tendillas, y se dieron un atrac\u00f3n de calamares fritos. \u00c9ste fue el\u00a0comienzo de su afici\u00f3n por las colas, de plant\u00f3n para el\u00a0aguardo del puesto, si bien ya nunca le cay\u00f3 otra breva tan\u00a0dulce en este oficio, que no era lo mismo ponerse en la andana\u00a0el d\u00eda de la saca del tabaco o el d\u00eda del suministro con varias\u00a0cartillas de racionamiento, o en la bulla de la carboner\u00eda que en\u00a0el aguardo de un crimen de las condiciones de aquel.<\/p>\n<p>Pero con este oficio se apa\u00f1aba los dos realillos o la peseta\u00a0que le serv\u00edan para la entrada del para\u00edso del Gran Teatro, si no\u00a0pon\u00eda tienda de tebeos y, en el verano, para ir al cine\u00a0Andaluc\u00eda, al Iris o al Rav\u00e9 u otros patios de verano, a ver los\u00a0episodios de Fu-Man-Ch\u00fa, con lo que al cabo de ser\u00a0parroquiano se meti\u00f3 a botijero para los del ambig\u00fa, a perrilla\u00a0el vaso y a gorda la jart\u00e1 en el porr\u00f3n, con lo que la parroquia\u00a0bajaba el hervor de los boniatos asados en la andorga, mientras\u00a0Currito de la Cruz o Rosario la Cortijera andaban por sus\u00a0monjer\u00edos o sus fandangos, con los que \u00e9l sacaba su vi\u00e1tico y\u00a0ve\u00eda, de camino, el cine gratis.<\/p>\n<p>Otra forma de ganarse la manduca que se ingeni\u00f3 el Churri\u00a0fue la venta ambulante de mo\u00f1as de jazmines, que no se\u00a0conformaba con vender el fruto de los patios de su casa, que los\u00a0vecinos pon\u00edan en ancheta decenal, sino que ten\u00eda por clientela\u00a0de por mayor a las Hermanitas de la Cruz, de las que se hizo\u00a0traficante, que no hab\u00eda tarde que no apa\u00f1ara entre uno y otro\u00a0pensil doscientas mo\u00f1as que \u00e9l repart\u00eda r\u00e1pidamente porque se\u00a0hizo de muy buen pupilaje, que recorr\u00eda como un itinerario, por\u00a0todo el sector que abarca desde la Puerta Nueva a San Pedro y\u00a0desde la Plaza del Potro al Campo Madre de Dios, con su cacho\u00a0de Ribera y sus callejas como la de Alc\u00e1ntara o las Siete\u00a0Revueltas.<\/p>\n<p>Si alg\u00fan d\u00eda flojeaba la venta, se llegaba hasta la Cruz del\u00a0Rastro y mercadeaba por las casas de putas de la calle Cardenal Gonz\u00e1lez y la calle la Feria, con cuya parroquia terminaba\u00a0pronto la mercanc\u00eda y donde, adem\u00e1s, pod\u00eda sacar buenas\u00a0propinas de alg\u00fan macarra o primavera. Andando el tiempo,\u00a0despu\u00e9s de pasar lo que ten\u00eda que pasar con las gemela y\u00a0cachondeo de su circuncisi\u00f3n mojando en dos tinteros, que todo\u00a0se contar\u00e1, ganaba de sobresueldo, en tales manceb\u00edas, el\u00a0vi\u00e1tico de alg\u00fan pellizco en una teta o nalga, precoz\u00a0atrevimiento que desataba las risas de las lumias que no lo \u00a0miraban, esta es la verdad, con malos ojos y m\u00e1s de una vez le\u00a0ofrecieron, consider\u00e1ndolo todav\u00eda chorvo virgen, un rato de cama gratis, plus, \u00e9ste, que \u00e9l declinaba con fingido pudor, que\u00a0pronto aprendi\u00f3 el m\u00e9rito de la inocencia y de hacerse desear,\u00a0aunque \u00e9sta fuera fingida, mientras se re\u00eda por los adentros.<\/p>\n<p>Consideraba que cuando supieran que ya hab\u00eda sido desvirgado\u00a0y cayera en sus tentaciones se le iba a aflojar la parroquia de las\u00a0mo\u00f1as, por lo que con este convencimiento jugaba desde el\u00a0atrevimiento a la gazmo\u00f1er\u00eda.<\/p>\n<p>Lo persegu\u00eda, de manera especial, una tal Linares, hembra\u00a0jaquetona a la que por lo visto le iban los ni\u00f1os y siendo de\u00a0once o doce a\u00f1os el Churri, el mismo verano que le entr\u00f3 la\u00a0calentura por la Sole, se habitu\u00f3 a ofrecerle chucher\u00edas y a\u00a0apretujarlo contra las ubres como queriendo amamantarlo y\u00a0veces hab\u00eda en que, enviciada en su calentura y sus\u00a0depravaciones por el mozuelo, se levantaba la falda y le\u00a0ense\u00f1aba la despejada pelambrera, poblada y negra como una\u00a0mina franca. Pero \u00e9l, con una sabidur\u00eda aprendida, sab\u00eda\u00a0guardar el tipo, por m\u00e1s que estas veces se le pon\u00eda la cosa\u00a0arremolinada y le entraban unos sofocos como de escalofr\u00edo,\u00a0que, al cabo, pagar\u00edan las mellis, en persona o en imaginaci\u00f3n,\u00a0si la cosa no estaba despejada, en el cuartucho de los retretes\u00a0comunitarios de su casa.<\/p>\n<p>Contaban que la tal Linares vino desde alg\u00fan pueblo a servir\u00a0a C\u00f3rdoba y la debi\u00f3 de desgraciar, siendo muy joven, alg\u00fan amo, por lo que siendo todav\u00eda quincea\u00f1era hubo de refugiarse\u00a0entre la gente hampona, recalando en la casa del Portillo, donde\u00a0acab\u00f3 pagando el censo enfit\u00e9utico de un oficial de los\u00a0municipales, fachendoso, que ven\u00eda de mat\u00f3n de la Divisi\u00f3n\u00a0azul, aunque remanec\u00eda de taberneros y que empez\u00f3 con ella de\u00a0macarra y acab\u00f3 de consentido.<\/p>\n<p>Fue, con este padrinazgo, la tal Linares una de las pocas que\u00a0se salv\u00f3 de la quema cuando declararon las casas de trato fuera\u00a0de la ley, ya que cuando en Madrid se decidi\u00f3 que el oficio\u00a0p\u00fablico de las mujeres era el pecado, les quitaron la visita de la\u00a0tarde el jueves al dispensario del esquinazo de San Andr\u00e9s,\u00a0donde le sellaban el carnet de exhibici\u00f3n obligada, a requerimiento de polic\u00eda o cliente, y desde donde ordenaban\u00a0retener y hospitalizar a las contagiadas de bubas, blenorragia o\u00a0s\u00edfilis. Por cierto que, despu\u00e9s de la prohibici\u00f3n, al desaparecer\u00a0la vigilancia ven\u00e9rea del registro, se extendi\u00f3 tal malad\u00eda de\u00a0chancros por la ciudad que se ve\u00eda a los hombres andar con las\u00a0patas abiertas y menos mal que hab\u00eda sulfamidas y que por\u00a0aquel entonces llegaron a C\u00f3rdoba los primeros botes de\u00a0penicilina que la vend\u00eda \u201cde tapa\u00edllo\u201d un tal Mat\u00edas, camarero y\u00a0guaperas del Caf\u00e9 Negresco, en la calle de la Plata, quien por\u00a0cierto, la engrandec\u00eda ech\u00e1ndole polvos de bicarbonato. Porque,\u00a0si no, se hubiera quedado parado el censo de la poblaci\u00f3n ya\u00a0que los hombres, a pesar de la prohibici\u00f3n, siguieron con sus\u00a0calenturas y gamberras en los quicios.<\/p>\n<p>No obstante, se hizo frecuente la pr\u00e1ctica de redadas de leas,\u00a0que sal\u00edan del cuartelillo pringadas y sin pelo y sobre las que\u00a0reca\u00eda, adem\u00e1s, orden de destierro. Aunque, como la Linares,\u00a0algunas otras tambi\u00e9n ten\u00edan gabelas. Especialmente las \u00a0apupiladas en las casas que frecuentaban los ricos y los jefes de\u00a0Falange, que estaban distantes de los barrios de barrera, por en<br \/>\nmedio de la ciudad. En estas casas, gentes de caudales, fortuna\u00a0o posici\u00f3n ten\u00edan retiradas a sus queridas, alejadas de los\u00a0chambucos de la Ribera o Cercadilla, donde aparecer era\u00a0delatarse.<\/p>\n<p>Bueno, \u00e9stas s\u00ed se quedaron salvas, porque muchas de ellas\u00a0andaban liadas con personajes de m\u00e9rito, que les serv\u00edan de\u00a0salvoconducto, mientras que ellas ejerc\u00edan de chivatas de la\u00a0polic\u00eda y segu\u00edan con su oficio, que ampliaban con h\u00e1biles y\u00a0reconocidas alcahuetas, con puerta abierta en los casinos y que\u00a0en ocasiones serv\u00edan de sotas para dar un paseo a las nuevas,\u00a0con lo que la parroquia de clientes pudientes pod\u00eda enterarse de\u00a0las novedades de carne reci\u00e9n importada s\u00f3lo con asomarse a\u00a0los ventanales de los casinos y ver el paso del picadero por\u00a0Gondomar, Concepci\u00f3n o Alfonso XIII.<\/p>\n<p>As\u00ed se salvaron las lumias del Garaje Sport de los destierros y\u00a0los afeites y las de la Casa de la Peque, las pupilas de la Bilbao,\u00a0de la Madrid y otras due\u00f1as forasteras establecidas, que, como\u00a0dice el Fonta, daba la impresi\u00f3n de que para ser due\u00f1a o\u00a0encargada de casa de citas de m\u00e9rito hab\u00eda que nacer de\u00a0Despe\u00f1aperros para arriba, por las ciudades donde se habla en\u00a0finolis y no en cordob\u00e9s a lo basto, lo que al parecer, excita\u00a0mucho a los cortijeros que le forman parroquia.<\/p>\n<p>Pero, dejemos este mundo, que es mejor no menearlo, no sea\u00a0que alg\u00fan resentido o alguna rehabilitada, que de todo esto hay en esta gran ciudad, nos meta un cuerno por salva sea la parte,\u00a0sobre todo si va de la lengua y aparecen retratados ciertos\u00a0capitostes que se fraguaron en m\u00e1s de un prost\u00edbulo y, sigamos,\u00a0pues, con el personal de la Casa de los Muchos, que es m\u00e1s\u00a0natural e inofensivo y antes se vanagloriar\u00e1 de circular por\u00a0estas historias que irse con el cuento al juzgado, peligro que\u00a0corremos los relatores de historias ajenas, incluido el Andr\u00e9s y,\u00a0si me apuran los que en la \u00e9poca del califato las contaban a las\u00a0puertas de la ciudad, al regol de las murallas, que ejemplos de\u00a0ello ya cuenta la historia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Negro se churrasca, el Barbero\u00a0rebana el cuello a un cristiano\u00a0y el Churri se busca la vida. 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